Dunkerque

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Llegando al final de la natación reconozco un gorro rojo Beauvais. Por la posición donde vamos lo reconozco, Tin Don nada a mi lado. Una prueba más de que no viajamos en buen lugar, pienso yo. Sin embargo, en el barullo de brazos, gorros y agua, no me doy cuenta que a mi otro lado se encuentra el color verde del Sartrouville. Courtney Atkinson me debería servir como indicación de que estamos mejor de lo que creo.
Tocamos tierra y a correr. No tanto como los cuatro aviones que me adelantan antes de coger la bici. Las prisas me vuelven torpe, se me atasca el NINETEEN. Veo pasar a Vidal, Clarke,... Empieza la locura. Suerte que consigo abrocharme las LOUIS GARNEAU al llegar a la primera curva en pavé. Primer latigazo, primera buena señal. Voy con fuerzas y me reconforto recordando las miserias de mi debut doce meses antes.

Entre el sufrimiento y la velocidad no me entero de que hay un corte de superhombres por delante. El Beauvais al completo tirando fuerte (increíble transición y primer km de Tim Don) y cuatro invitados de lujo: Silva, Johny Brownlee, Freeman y Poliansky. No me enteré de la escapada hasta la charla post-carrera con los compañeros.

Sufrimos por el fuerte ritmo, pero viajo confiado y con fuerza. Lástima que cada vez somos más. Finalmente unos 50 hombres enfilados entramos en la 2ª transición. Ahí diviso a Mola, que en un grupo con Dani nos había cazado a 300m de dejar la bici.

¡Y a correr! Recuerdo mi reventamiento del año pasado y me parece que vuelo. Aun así rápido siento que me va a costar remontar. En la primera vuelta me pasan el actual lider de las World Series, Brukhankov, y Dani. Yo adelanto a algún cadaver, ocho o nueve posiciones es todo lo que puedo progresar. Me siento bien pero el estratosférico nivel castiga cada segundo perdido. Posición final 41, con buen sabor de boca y grandes posibilidades de mejorar nuestra competitividad.

Justo delante mía entra mi compañero Pimenov. Antes Torok el 32º y Tutukin el 24º. Resultado muy gratificante, 9º puesto para el Saint Jean de Monts, codeándonos con lo mejor en esta nueva temporada.

Resultados de la prueba:   http://www.ipitos.com/de-resultats/course-132-epreuve-403
París. El pequeño apartamento de Julien reúne cuatro amistades triatléticas, cuatro compañeros de la familia del Saint Jean de Monts. Un plato de pasta aderezado con bromas y buen ambiente culminan la noche de viernes en la capital francesa.

Un año atrás todo era nuevo, aterrizábamos en Dunkerque expectantes por ver y aprender. Expectación donde ahora reina confianza, besos y más besos al encontrarnos con el manager y el staff técnico. Repetimos los franceses Julien Leroy y Nico Alliot, el húngaro Alfred Torok y yo. Nuevas caras son Pimenov y Tutukin, representando al país de moda en en triatlón, Rusia. Para ayudarles el equipo trae un traductor que nos acompaña todo el fin de semana.

Dos horas en furgoneta con una parada para "manger" nos devuelven a Dunkerque. Mismo hotel, mismas caras de cracks por sus pasillos. Todo nos transporta a un año atrás en esta animosa ciudad, o bueno, no todo. Un sol radiante sustituye al frío y la lluvia de nuestro pasado debút.


Descansamos en habitación individual, montamos una DIADORA con ganas de guerra y ordenamos el nuevo material. Como doce meses atrás, una bolsa de viaje llena de ropa y material nos recuerda que aquí nos podemos sentir importantes. Todos equipados salimos a reconocer los circuítos y desentumecer las piernas. Es el momento de departir amistosamente con los conocidos, entre ellos la grupeta de españoles: Mola, Fidalgo, Dani y Godoy.


El día de la prueba la alarma me despierta puntual a las 9:00. Un breve pensamiento es suficiente para apagarla y abortar el planeado trote en ayunas. Una hora más tarde no se puede remolonear, briefing del equipo donde recibimos las últimas instrucciones. Las típicas bromas!advertencias que el año pasado había tenido que oír se trasladan ahora a los rusos. "¿Os gusta luchar? Porque en esa primera boya a 150m va a haber mucha mucha lucha".  

Poco después podríamos comprobar que esas bromas eran muy ciertas. Golpes, hundimientos y agobios recuerdan que nos aproximamos a esa primera boya. Apretamos los puños y ultilizamos nuestras energías en avanzar y no ser tragados por la marabunta. En cuanto giramos se hace de día, se abre el horizonte y podemos sentirnos libres nadando en el canal. Sin saberlo voy bien posicionado, me empiezo a concentrar para la primera transición. ¿Cómo van mis compañeros? Alcanzaremos el objetivo de estar entre los 11 mejores equipos?

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