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El tiempo vuela. Más cuando sientes que lo estás aprovechando. Más cuando disfrutas. Anteayer estaba levantando los brazos en el paseo de Ponta Delgada en mi cita anual con el Triatlon de las Islas Azores. Ayer me relajaba durante las merecidas vacaciones de cuatro semanas para recargar baterías. Y, casi sin darnos cuenta, estamos otra vez en faena. Unas semanas de adaptación a la rutina; bueno, más bien unos días. Las baterías tan cargadas no ayudan a empezar despacio. Pero aunque no despacio, buena letra por favor. Esas malas sensaciones, con el corazón disparado y sin embargo piernas frescas por el descanso reciente, se van tornando en mejores impresiones y pulso en valores normales, al tiempo que volvemos a tener piernas “patapalo” quejándose con cada escalón que nos hacen subir conforme encadenamos entrenamientos.

Me encantan estas semanas. Sí, sé que en este menú de las primeras semanas de entrenamiento falta el ingrediente principal: la competición. Pero es tiempo de trabajar sin prisas. De acumular. De poner en práctica todo lo aprendido en los anteriores meses de lucha. Y si por algo de verdad me gustan, es porque son semanas para soñar. Empezar a diseñar el calendario conlleva ineludiblemente emocionarse con los próximos retos. Bocetos, propuestas, ideas,... pero sobre todo sueños. ¿Quién no se imagina haciendo la carrera de su vida en esa prueba que justo acaba de decidir que será su gran reto para este 2013? ¿Quién no sueña en voz alta con todo lo que va a mejorar poniendo en práctica todo lo aprendido en los anteriores meses de competición? ¿Quién no se emociona en estas semanas sabiéndose capaz de romper de nuevo sus límites? No lo puedo evitar, sé que son días fríos, con lluvia y sin carreras en el horizonte cercano, pero soy un soñador confeso. Me encanta la llamada pretemporada. Me crezco cada día. Y por muchas capas de ropa que lleve encima y mucha lluvia que resbale por mi cara, mi cabeza está divisándome en bañador, bajo un Sol de justicia, levantando los brazos tras realizar un carrerón en ese gran reto del 2013.

Y si hablamos de Sol, ¿por qué no ir en su busca y hacer esas fantasías veraniegas más reales? Por segundo año, estoy en Sudáfrica, con mi “familia sudafricana”. Como me decía la madre de Richard Murray al recogerme en el aeropuerto: “Bienvenido a tu segunda casa”. Acorto los casi cinco meses del pasado año, por cuatro semanas. Algunas cosas han cambiado. Recuerdo a Richard desviviéndose por encontrar a un sponsor de bicicleta que no aparecía. Ahí aprendí una primera lección: “si en la vida quieres ganar algo, primero hay que invertir, hay que gastar dinero de nuestro bolsillo”. Tras intentarlo por activa y por pasiva, Richard terminó comprándose su propia bici. Ley de Newton. Unos días después conseguía el patrocinio de otra casa comercial. Este año su garaje está lleno de bicicletas, tope gama. Una de las marcas más deseadas ha llamado a su puerta, y no solo con material. La historia es extensible al resto del equipamiento. Por mérito propio se ha convertido en uno de los “big names” dentro del circuito ITU y por mérito propio se ha ganado que grandes marcas internacionales se quieran asociar a él.

Otras cosas no han mudado. La vida sigue igual de espectacular en Cape Town. Cambiar invierno por verano es siempre adorable. La lluvia sin stop de las últimas tres semanas en casa se ha convertido en sol perenne en nuestra nueva ubicación. Los manguitos, solo cuando salimos a pedalear antes de que se haga de día, es la única pieza de ropa larga que nos hace falta. Chubasqueros, mallas, guantes y gorros, cazadoras... se han quedado en tierra. En mi maleta solo ropa ligera y sueños pesados. 
Dicen que a los buenos amigos no les importa cuando tiempo haya pasado desde la última vez que han estado juntos; que desde el primer minuto uno siente como que ese último día ha sido ayer. O hace unas horas. Sin necesidad de ponernos al día, Richard y yo reímos, hablamos, vivimos y… entrenamos. Me sorprende su nuevo salto de calidad en el agua. Más que salto, una continua progresión desde que en su cabeza vive la palabra triatlón. Durbanville es nuestro centro de operaciones, desde donde fácilmente nos movemos a Stellenbosch o Ciudad del Cabo. La experiencia del pasado año, la confianza con mi familia sudafricana y mis progresos con el inglés, hacen que en este segundo capítulo me sienta realmente a gusto. Entre agradables entrenamientos bajo un Sol perenne y algún compromiso, van pasando los días. Aunque también hay tiempo para el relax. Un fin de semana en familia para celebrar el cumpleaños de “mis” padres. Vamos a Arniston, un pequeño pueblo de pescadores. Doscientos kilómetros en coche desde Ciudad del Cabo funcionan como una máquina del tiempo trasladándonos a otra civilización: sin internet, sin TV y sin teléfono. El relax está asegurado. 

Más cuando vemos nuestra casa para estas mini vacaciones: una acogedora construcción al borde del Índico, con la playa tan solo alejada por nuestras ventanas. Pero el relax no nos exime de nuestras responsabilidades. Aunque les damos un toque especial, las sesiones de carrera a pie discurren por Parques Naturales o son directamente trails por la arena de la playa o sus espectaculares acantilados. ¿Y en bici? No hay mucha diversidad, una única carretera asfaltada es la que llega hasta Arniston. En ella nos embarcamos con la idea de llegar hasta un punto místico. Cape Agulhas es el punto más al sur del continente africano, el lugar donde confluyen el Atlántico y el Índico. Foto conmemorativa, una postal para regalar y un pastel de carne para afrontar con garantías los 70km de vuelta.
Los días pasan, volando, y en breve ponemos punto y aparte a esta bonita primera etapa de pretemporada. Los sueños se entremezclarán con la especia que mejor condimenta nuestra vida deportiva: la competición. Mi debut será en la Cape Town ITU African Cup. Pero las sensaciones que allí viva, junto con los retos y sueños que guían mis pasos, tendrán cabida en mi próximo Universo Tri.

Corremos. Vaya agonía. -"Venga, apenas 30m y volvemos a nadar"-. El giro para completar la primera vuelta e iniciar los segundos 750m de natación siempre es crucial. Y doloroso. Cambio de posición horizontal en el agua a vertical corriendo sobre la arena. La cabeza se adormece. El corazón se dispara. Volvemos a entrar en el Índico, a luchar contra las olas. He perdido alguna posición, pero sigo en el grupo cabecera. Enfilo la última boya. Hasta siendo algo de frío.

Últimos metros. Surfear las olas será decisivo para tocar la orilla en buena posición. Me dejo arrastrar por su fuerza. Hasta que el alemán Loeschke me embiste. Unos segundos de confusión, apreto fuerte para recuperar mi inercia. Momento crucial, otro más. Correr hacia la transición. Otra vez agonía. Otra vez me siento torpe, más no hay tiempo que perder.

Cinco metros me separan de los primeros hombres. Corro, por la arena primero, por el asfalto seguidamente. Con todas mis ganas. Ahora son siete metros. Llego a la bici, alguien ha tirado mi casco SH+ al suelo. Salto sobre la MASSI, con todas mis ganas. La goma izquierda que sujeta mi zapatilla rompe antes de tiempo. Ahora son 12 los metros que me alejan del vagón de gloria. Conmigo Wolfaardt y Blignaut. No me demuestran mucha fuerza; asumo la responsabilidad. Ahí delante está la carrera. No soy el único que lo sabe, ellos pedalean fuerte. Sincronizados. Y seis pueden más que dos. Un pinchazo echa a Theo de la carrera dejándonos en un dueto.
Viento. Ver que la carrera se escapa entre los dedos,... Toca luchar. Por no hablar de mi rueda. Las marchas saltan cada vez que cambio de desarrollo haciendo peligroso ponerme de pié sobre los pedales. ¿Cuánta fuerza estaré perdiendo con el "baile" de los piñones?... ¡Al menos estoy compitiendo!

Cinco minutos antes de la salida, mi bici yace en boxes sin rueda trasera. El casete de la rueda está suelto y mal colocado. Llevo dos horas buscando una llave. Una hora buscando alguien con una rueda Campy 11,... sin éxito. Y mi EDCO está a varios kms de aquí. Un mecánico se la ha llevado a su casa para arreglarla. Me asegura que llegará a tiempo,... A 5´del pitido inicial, los jueces me mandan a la cámara de llamada. Me aseguran que la rueda está cerca, y en un gesto admirable se ofrecen a colocármela antes del inicio.

Mientras lucho contra el viento y una distancia con el primer grupo que no deja de crecer, me doy cuenta de que mi casete sigue suelto. Pero me siento afortunado, por momentos pensé que no podría ser de la partida. Los 40km de bici tienen una palabra: sufrimiento. Además hace tiempo que Wolfardt se muestra más fuerte que yo. A duras penas le puedo pasar al relevo. Iniciamos la carrera a pié en 7ª y 8ª plaza, a dos minutos de seis hombres que tuvimos tan cerca.

Al menos estoy corriendo. Viernes noche, algo vuelve a dañar a mi estómago. Sudores fríos, escalofríos e innumerables visitas al baño no me dejan pegar ojo en toda la noche. El sábado estoy tan débil que hasta dudo de subirme al avión destino PE. Por mucho que me declaro optimista, no soy capaz de pensar en nada bueno. Llevo semanas sufriendo en Pretoria. Mi cuerpo no se adapta al déficit de oxígeno. Un virus estomacal ya me había tenido ko durante diez días. Semanas de luchar contracorriente.

Pero estos últimos 10km pueden ser el momento de dejar atrás malos pensamientos. Cada segmento es una prueba superada. Me pego a Wolfaardt. Enorme corredor. Soy su sombra, al menos hasta la primera vuelta, me digo. Cumplo. Tanto que me animo a darle un relevo. Mi pecho no se queja. Mis piernas me regalan zancadas cortas y alegres. Erod jalea en mi cuello. Luego un poco más rezagado. Más tarde ya ni lo oigo. Estoy volando. Disfrutando.

El tercer giro siempre es más lento. No hoy. Sigo mirando hacia delante. Un halo de adrenalina me silencia cualquier sufrimiento. Últimos 2km. Veo a mis presas. Henri Schoeman es el primero. Soy 6º. Pero quiero más. Wikus Weber también lee mi nombre en mi espalda. Solo 400m. ¡Más! Mehdi Essadiq, respiro unos segundos a su estela y ataco con lo que me queda. Disfrutando, reconfortado tras vencer a lo que parecían dos claras excusas antes del inicio, entro 4º a 15" de un podio que estaba a casi dos minutos al empezar a correr.

Moraleja1: nunca te des por vencido.
Moraleja2: lo que no te mata, te hace más fuerte.
Moraleja3: cuando parece que todo es sufrir sin sentido, sigue entrenando con ilusión; la recompensa será más grande cuanto más hayas luchado contracorriente.

Puntual a su cita. Los dos meses de espera se hacen largos. Pero dicen que lo bueno se hace esperar. Desde hace una semana, la Revista Triatlón está de nuevo en los kioskos. Entre sus páginas, por segunda vez, un nuevo "Universo Tri por Antón Ruanova"
Seguimos contando historias a 8000km de distancia. Acercando aventuras y experiencias. Algo de turismo y mucho mucho trabajo duro. Aderezado con algunas fotos espectaculares. Espero que os guste, espero  disfrutéis de la nueva Revista Triatlon nº7.
y 1500 kms después, llegamos a mi penúltima parada en Sudáfrica. Dejando atrás el Western Cape, atravesando las provincias del Northen Cape y Free State, llegamos al motor económico del país, la región de Gauteng. El pasado martes, Richard y yo nos instalamos en Pretoria.

Cambiamos el mar y las montañas por la altiplanicie interior de esta gran ciudad. La calma "capetonian" por el trasiego de una urbe con más de dos millones de habitantes. El trueque no parece demasiado apetitoso, así al menos me lo hacía ver cualquier sudafricano al que le hablase de mi próximo destino.
Todo tiene su encanto. Solo se trata de saber buscar. Será eso o las bajas expectativas, pero Pretoria, o Tshwane como están intentando que se conozca a la urbe, me ha sorprendido gratamente. Verde y abierta. Desde la cima de Klapperkop, la vista del valle donde se ubica la ciudad nos regala dos palabras: verde y abierta. Infinitos árboles y parques dominan por completo sobre los bajos edificios. Árboles en su mayoría jacarandás, que entre Octubre y Noviembre florecen tiñendo las calles de morado.
Pretoria es la capital administrativa de Sudáfrica. Comparte vítores junto: Ciudad del Cabo, capital legislativa, y Bloemfontein, la capital judicial. Por lo tanto aquí se ubica la sede del Poder Ejecutivo, un espectacular edificio sobre una imponente colina en el centro de la villa: los Union Buildings. Las fotos muestran su grandeza, pausada con sus inmensos jardines. El anochecer, con la imponente estatua del caballo, me traslada hasta las múltiples batallas que aquí se acometieron por el control de la ciudad. Sangre demarrada de ndebele, zulúes y voortrekkers. Y más tarde por republicanos e ingleses.

Ahora los cañones solo son alimentados por coloridas flores.
                                
No, me niego a abandonar el Western Cape sin haber visitado Lion´s Head. Tras algún intento fallido, parecía que lo que prometía ser un espectacular ascenso hasta la cima de este peculiar pico, se iba quedar como una de tantas cosas que "no fue y pudo ser". Incluso esta vez, con todo programado, una lluvia de última hora cerca estuvo de privarnos de semejante espectáculo.
                                          
Medio camino se hace cómodamente sobre cuatro ruedas. El coche se queda aparcado en la carretera que finaliza Signal Hill. Empieza la aventura en nuestro día de descanso. El asfalto se transforma en camino de tierra y piedras. Nos introducimos en la naturaleza. Por ahora el sendero es amplio, la única complicación es la fuerte pendiente del terreno. Las casual New Belance parecen hechas para la ocasión.
                                           
A medio camino, tras abandonar la primera parte más sencilla, uno ya puede deleitarse con esta visión. Las montañas, que marcan el inicio del Cape of Good Hope, se conocen como los Twelve Apostles. A su abrigo Camps Bay y sus playas. Todo bañado por el gélido Atlántico. Seguimos escalando.
                                           
El camino hace tiempo que se ha complicado. Por momentos hasta asemeja no haber sendero. Entre rocas, cada uno escoge su manera. La dirección está clara, hasta la cima. Cima que comenzamos a sentir cerca. Casi una hora de agradable caminata. Las nubes pasan entre nosotros recordándonos que estamos a una buena altura. Por momentos apenas hay visibilidad. Hasta caen unas gotas. El tiempo, absolutamente cambiante en pocos segundos, me recuerda a un loco día primaveral de Galicia.
                                            
Todo para esto. La cima de Lion´s Head. Un poco más cerca del cielo. Nuestro Suunto marca 687m de altitud nada despreciables considerando que partimos al lado del mar. El corazón al fin se relaja tras batir con fuerza tras tanta pendiente. Los ojos intentan captar la grandeza del paisaje. Imposible no relajarse y disfrutar de tremendo espectáculo.
Una pequeña muestra. En el vídeo se puede contemplar: las playas de Clifton, la zona de Sea Point, Robben Island en el medio de la Table Bay, Signal Hill, más Ciudad del Cabo, la gran Table Mountain y los Twelve Apostles marcando el inicio del Cape of Good Hope. Tanto por la altura, como por el lugar: un poco más cerca del cielo.
Stellenbosch, el segundo asentamiento europeo más antiguo de Sudáfrica tras Ciudad del Cabo, de la que la separan 50 km. La ciudad fue fundada en 1679, y se conoce como ciudad de los robles, por la gran cantidad de ellos decorando las calles. Dos cosas caracterizan principalmente a este enclave: su universidad y los viñedos.

Gracias a la importancia de su universidad la ciudad es el corazón de la cultura Afrikáner, por el gran número de académicos y estudiantes de esta cultura que han vivido aquí. Más de 25000 estudiantes dan un ambiente único a sus calles.
Stellenbosch conforma, junto con Paarl y Franschhoek, las Cape Winelands: la región vitícola por excelencia del país. Las bodegas realizan "wine testings", una de las grandes atracciones turísticas de la región. Además de sus buenos caldos, los viñedos gobiernan el paisaje haciendo realmente agradable cualquier paseo o entrenamiento a su vera.

Pero esta ciudad también es mundialmente conocida dentro del triatlón. Grandes estrellas de nuestro deporte fijan su residencia aquí durante unos meses. Tin Dom, Jan Frodeno, Enma Snowsill, Conrald Stolz, Dan Hugo,... Todos ellos con medallas en olimpiadas o campeonatos del mundo. Además este año hemos podido entrenar en alguna ocasión con la selección alemana aquí concentrada: Maik Petzold, Christian Prochnow, Sebastian Rank, Steffen Justus, Anja Dittmer,... Un auténtico lujo.

Como lujo es poder correr por sus montañas.
O nadar en su piscina descubierta. Siempre presentes las montañas que protegen la urbe.
Lujo en el que aprovechamos nuestros últimos días. Su buen clima, la tranquilidad de sus calles y la belleza de la naturaleza son cosas que echaremos de menos a partir del próximo domingo. Atravesaremos el país en coche. Pretoria y sus 1700m de altitud, será nuestra próxima parada para las próximas cuatro semanas. Pero eso será a partir del domingo. Aun tenemos unos días por delante para seguir maravillándonos.
Seguimos en Stellenbosch. Seguimos descubriendo Sudáfrica. El período de descanso se acabó al tiempo que recogíamos los adornos de Navidad. Tras unos diez días de adaptación, Richard y yo nos desplazamos hasta Stellenbosch, pequeña y alegre ciudad conocida mundialmente por ser residencia de grandes triatletas. Otro día os trato de enviar con palabras y fotos el encanto de este lugar, la gran capital vitícola del país. Pero hoy escribo sobre todo para los amantes de números.

Pretemporada. Momento de sumar kms y kms. Sin prisa, y con buena letra, los primeros catorce días "serios" nos dejaron estos datos: 23 y 31 kms de agua - 280 y 260 kms de bici - 70 y 75 kms a pié. Stellenbosch nos recibía con calor extremo y mucho trabajo por delante.

Semana a semana, las sensaciones son mejores. Tras el duro comienzo, las temperaturas nos daban un respiro. Los 40ºC nos daban tregua por unas jornadas y de noche ya no nos retorcíamos entre sudor. Mejor descanso, sumado a que el cuerpo se adaptaba a la rutina, nos hacían las cosas un poco más fáciles.

Tras compaginar durante años estudios universitarios y entrenamiento, nunca fui de grandes volúmenes. Este 2012 disfruto rompiendo mis límites. Quizá no sea nada espectacular, pero volumen solo es una parte de la ecuación. En el otro lado está la calidad. Por no hablar del fin mismo, asimilar el trabajo realizado. Es impresionante comprobar como el cuerpo se adapta cuando la mente envía el mensaje optimista adecuado. Suena a tópico, pero los límites están en nosotros, y solo nosotros podemos ampliarlos.

La 3ª y 4ª semana supusieron: 29 y 28 kms de agua - 300 y 335 kms de bici - 84 y 100 kms a pié. Desde las 24 horas de los primeros siete días hasta las 29 de la última semana. La progresión es constante, al tiempo que incrementamos la calidad del trabajo para seguir ágiles.

Para los amantes de los números, este primer mes de preparación nos deja este baile de cifras: 111km de agua - 1180 kms de bici - 330 kms a pié. Es solo el comienzo, pero ¡esto no se para!
"Corremos, más bien trotamos, por el sendero que discurre paralelo al río. Los árboles nos obsequian con su preciada sombra, tan preciada con los cuarenta grados que hace aquí. A mi lado, conversando tranquilamente, Richard Murray y Jan Frodeno. 

La gente me suele preguntar que por qué me he venido a Sudáfrica. La respuesta está en ese primer párrafo. Tras licenciarme en Economía, en mi cabeza varios planes que se podían juntar en este bello país:
-Mejorar el inglés, no hay mejor manera de hacerlo que cruzando fronteras y sumergiéndose en otra cultura. 
-Entrenar, el verano del hemisferio sur y la concentración de cracks aquí presente, era otro buen aliciente. 
-Aventura, tras varios años posponiéndolo, era el momento perfecto para abrir nuestra mente y vivir una experiencia lejos de mi querida Galicia. 

Acabamos el trote y subimos al piso del alemán, a seguir charlando amistosamente. Estamos en Stellenbosch, pero me remonto dos meses atrás para empezar la historia por el principio. El 10 de Noviembre aterrizaba temeroso e ilusionado en Ciudad del Cabo. En el aeropuerto me esperan Richard Murray y su padre. El pasado Abril, gracias a que Dani Rodríguez había estado en estas tierras, pude conocer a Richard. Dos carreras, Quarteira y Antalya, fueron suficientes para entablar una amistad que desembocó en impagable ayuda para venir hasta aquí. No nos conocíamos mucho, más bien poco, pero desde el primer momento me hizo sentir como hermano. Sus padres y hermanos me integraron como uno más de la familia. Vivimos en Durbanville, en una tranquila casa en una pequeña ciudad residencial. -"Si quieres trabajar, vete a Johannesburgo. Si quieres vivir, tu sitio está en Ciudad del Cabo"- me advertía el padre. Rápido lo pude comprobar: buen clima y vida relajada son ingredientes de la vida en esta región. 

Pero no todo son rosas, los primeros momentos nunca son fáciles. El idioma es una gran barrera. Alguien que presume de sociable como yo, vive situaciones frustrantes al no saber expresarse o al no poder seguir una conversación. Me vuelvo tímido. Pero es el comienzo. Poco a poco el oído se va haciendo, las palabras aparecen y la vergüenza vuelve a esconderse en un cajón. 

Hubo otro punto complicado. Estirando mi temporada hasta diciembre, pude competir en las tres últimas pruebas de las BSG Energade Triathlon Series. Bueno, más bien arrastrarme. Mi ya baja forma solo me alcanzó para ser 7º, 5º y nuevamente 7º. Pero pude viajar por el fantástico país y adentrarme en unas series de triatlon realmente profesionales. Casi sin darnos cuenta, llegan las merecidas vacaciones. Días de turismo y relax. Y aparecen las navidades. ¡Qué raro se hace ver los típicos adornos de esta época mientras se pasea en camiseta y chanclas! Pero a uno que le gusta el calor, no le resulta difícil aclimatarse. 

Estos días nos muestran costumbres diferentes a las que estamos acostumbrados. No celebran la cena del día 25 de Diciembre; la comida familiar es el 26, previa entrega de los regalos. Aquí no conocen a los Reyes Magos. ¿Y el último día del año? No hay reunión familiar, ni cena, ni uvas. Simplemente es una noche donde la gente sale de fiesta hasta el amanecer. 

El tiempo pasa rápido. Las vacaciones se van esfumando, poco a poco recuperamos la rutina de los entrenamientos. Para ello, Richard y yo nos mudamos a Stellenbosch. Pero esto ya es historia para el próximo capítulo."
Otra de las grandes atracciones de Ciudad del Cabo. Boulders Beach, en Simon´s Town es una playa dentro del Parque Natural Table Mountain. Bordeada de un lado por arbustos por encima de la marea alta, y el agua clara de False Bay por otra, la zona comprende una serie de pequeñas bahías protegidas. La arena se abre paso entre rocas de granito de 540 millones de años esculpidas por el Atlántico, dejando un paraje recogido a la par de espectacular. 

De manera natural este arenal fue escogido por dos parejas reproductoras del pingüino africano, que se establecieron aquí en 1982. Es la estrella de la playa. La colonia ha aumentado hasta los cerca de 3000 ejemplares que se contabilizan en la actualidad. Esto se debe en parte a la reducción de la pesca comercial de arrastre en False Bay, que ha aumentado la oferta de sardinas y anchoas, parte de la dieta de los pingüinos.
Como sus aguas son un poco más cálidas que las de Ciudad del Cabo- debido a su ubicación en la bahía “False Bay"-, es un lugar precioso no sólo para admirar a estos particulares animales sino para poder nadar con ellos. En tierra se muestran patosos y hasta resulta gracioso seguirlos en su torpe andar, pero dentro del agua se vuelven inalcanzables. Ahí son ellos los que juegan con nosotros. Los cantos rodados de la playa y el color blanco de su arena contrastan con el blanco y negro de estos animales.
                                     
El marco es incomparable. Las rocas nos devuelven a nuestra infancia, son retos que escalar, donde perderse para acabar saltando a las cristalinas aguas. Y los pingüinos son las estrellas de un lugar que merece la pena visitar.
Hay que volver al campamento. Aquí arriba, con el calor rebotado por las rocas, debemos superar con creces los 45ºC. Los compañeros ya hace tiempo que se han ido. Richard sigue buscando las "piedras especiales", una roca verde que hará nuestras delicias en la hoguera cuando anochezca. Yo sigo ensimismado. Estamos en lo más alto de una de las infinitas montañas que marcan el camino al río. Subir no ha sido complicado. Las lluvias de los inviernos han ido excavando senderos por las paredes de las montañas, que hoy nos sirven casi como escaleras para llegar a sus azoteas.

-"Venga, es hora de bajar nosotros también"-
-"Voy, una última foto"- 
Más bien cuatro. Necesito plasmar de alguna manera la belleza de este momento. El río, minúsculo comparado con su ancho durante la época de lluvias reflejado en la fina línea de árboles a cada lado. El curso del agua, caprichoso, retorciéndose como una serpiente. La altitud de las montañas de rocas que forman el cañón. La extrema sequía de todo lo que se aleja del río. La soledad y dureza del desierto. La paz y tranquilidad reinantes. El sentirse minúsculo, tan insignificante en plena naturaleza...
Se me ocurre tirar cuatro fotos para abarcar todo el ancho del cañón. En mi cabeza se me aparece mi amigo Andrés. Seguro que su clase como fotógrafo consigue unirlas dando vida a un preciosa panorámica.

Precioso. Corremos montaña abajo jugando a sentirnos Kilian Jornet. Hace tiempo que se nos ha acabado el agua. No pasa nada, son 2km hasta llegar a la vida, a nuestro campamento plantado al lado del río. Y sabemos que nos tiraremos de cabeza al agua nada más llegar. Me encanta correr con calor extremo, sentir como suda cada poro del cuerpo mientras el sol brilla sobre nuestra cabeza.

Son nuestros últimos esfuerzos en esta tierra. Un desierto de Namibia que se cuenta que venció en dos ocasiones al famoso Bear Grylls. El reto televisivo del Último Superviviente dicen que fue frustrado en dos ocasiones por las extremas condiciones de esta tierra en cuanto dejas atrás el oasis del río. No me extrañaría lo más mínimo que fuese verdad.

Algunos me preguntan: ¿y por qué no hay grandes animales aquí? Los había. Hipos y cocodrilos eran comunes en el Orange. Al igual que otros grandes mamíferos como Elefantes. Los colonos holandeses, franceses o británicos arrason con los grandes animales al tiempo que iban conquistando este territorio. El último hipo del Orange fue acribillado después de 1925.
Y entre unas cosas y otras, atisbamos la civilización. Por última vez me subo a las abrasadoras rocas que bordean el agua. Sobre ellas alzamos los brazos en señal de victoria ¡Hemos completado nuestra aventura en el cañón del Orange! Tenemos casi 700km para recorrer la costa este y volver a Ciudad del Cabo. 7h para empezar a recordar una experiencia que siempre permanecerá con nosotros.
-"Good evening!"-
-"What? Do you mean good morning?"-
-"No, good evening. It´s still night"-
Son las 5:00 de la mañana, el Sol aun se esconde tras las montañas. Intento prolongar los últimos momentos de remoloneo dentro del saco de dormir. Vaya error de novato. La tienda de campaña que acabamos de alquilar no nos dejó descansar demasiado. Bueno, más bien, el sitio donde la colocamos. La fina capa de hierba escondía las raíces del árbol que nos cobijaba. Demasiado duro. El cuerpo nos despertaba cada pocos minuto quejándose y pidiendo cambio de postura. Dormir en en suelo nunca es como hacerlo en un sofitel, y menos cuando no has pensado en que necesitarías una esterilla para estos días.

Todas las molestias se olvidan con el olor del desayuno. Mientras lo disfrutamos los guías nos dan las primeras explicaciones. Las canoas son para dos personas. Junto con Richard, empaquetamos nuestras cosas: dos pequeños cubos impermeables para cada uno, una nevera con muchos litros de agua y la tienda de campaña. Estamos preparados para cuatro días de aventura.
Tres horas después de levantarnos, empezamos a palear por las templadas aguas del río más largo de Sudáfrica. Los primeros kms discurren por aguas tranquilas. Incluso el verde domina las orillas. Luego descubriríamos que era un pequeño espejismo. La extrema fuerza del sol, antes de las 9:00 ya nos daba algunas pistas. La protección solar va a ser primera necesidad estos días. La gente se unta de blanco la cara. Gorros, mangas largas, toallas para cubrir las piernas,... cada uno se protege a su manera.

El río Orange, conocido como Gariep hasta que los colonos holandeses le cambiaron el nombre, nace a más de 3000m de altitud en las montañas de Lesoto. Sus 2200km lo convierten en el río más largo de Sudáfrica y, pese a no atravesar ninguna de las principales ciudades del país, es un pulmón fundamental para su economía. Con él se produce energía eléctrica y se extraen fundamentales riegos para la agricultura mientras atraviesa las áridas zonas del centro del país. Además sus aguas sirven para delimitar las fronteras de Lesoto y Sudáfrica, y las de Namibia y Sudáfrica durante sus últimos kms antes de desembocar en el Atlántico.
Nuestra excursión mezclaba zonas tranquilas con estrechos rápidos que ponían tensión en el viaje. Estamos en pleno verano, y el caudal del río es realmente raquítico comparado con las orillas que se intuye que tiene en invierno. Eso hace que haya rápidos, zona de aguas poco profundas donde la corriente es realmente fuerte. Sin duda, son las partes donde más disfrutamos del rafting. Algunos llegan a volcar la embarcación de varios compañeros. Richard y yo tenemos algo de suerte y simplemente chocamos con alguna roca sin más complicaciones.

Tras más de 20km y varias horas paleando bajo el sol, tocamos tierra para preparar el campamento para pasar la noche. Estamos a 45ºC, las escasas zonas verdes hace tiempo que se han quedado atrás. Fina arena en la orilla y millones de rocas. Montañas de rocas perforadas durante millones de años por las aguas para formar este inhóspito paraje. Por si no era evidente, estamos en el desierto de Namibia.

Corremos para coger sitio en la ligera sombra de los dos únicos árboles que hay en toda la zona. Otro error de novato. Nuestro árbol está alejado del agua, el calor es insoportable. Mientras vamos río abajo no somos conscientes de la temperatura. Al parar y buscar campamento percibimos su verdadero poder. Montamos la tienda en la pequeña sombra, nos creemos contentos por ello. Pronto descubrimos que aquí el viento es demasiado fuerte. El aire que barre el cañón nos rebota el calor de las rocas al tiempo que mece nuestra tienda como a un bebé asustado. La arena se cuela dentro y ya cubre lo que se supone que será donde dormiremos.
El sol al fin se esconde tras las montañas. La canoa descansa encallada en las rocas. Tras la cena decidimos dormir en la orilla del agua. La fina arena es nuestro colchón, el precioso cielo lleno de estrellas es el techo de nuestra habitación. Solo me falta conseguir una almohada. La consigo con el chaleco salvavidas. No son las comodidades de la civilización, pero será una gran noche. La primera de nuestros cuatro días de aventura.
El tiempo siempre pasa rápido. Nuestro deber es intentar alargar lo máximo posible todos esos momentos en que nos sentimos disfrutar. En cierto modo, procurar jugar con él exprimiendo los buenos momentos.

Eso trato de hacer. 31 días en Sudáfrica. Además he cumplido mi primera semana de vacaciones. Además he dejado atrás los primeros momentos, siempre más complicados. Así que es fácil que el resumen sea agradable.

He empezado a conocer este impresionante país. Cambiante; tanto que algunos afirman que aquí puedes ver el mundo dentro de un país. Vivo en la zona de El Cabo, con su constante fuerte viento, su tiempo tan agradable como impredecible, sus aguas gélidas,... y su encanto. Como muestra una foto desde Table View. Podemos ver la Table Bay y una de las siete maravillas naturales del mundo: Table Mountain, la montaña plana, flanqueada por Devil´s Peak a la izquierda, y el pico de Lion´s Head a su derecha.

Gracias a las carreras, o a propósito de ellas, pude viajar a Johannesburgo y Port Elizabeth. Aquí pude disfrutar de la cálida temperatura de las aguas del Índico, más en comparación con el gélido Atlántico que duramente llega a los 15º en verano. Esa diferencia de la temperatura de los océanos es fundamental para entender algunas de las diferencias del país cambiante. El cálido Índico favorece la evaporación y con ello las lluvias. De esta manera la costa este llega a ser casi tropical, con frondosa vegetación. El Cabo Agulhas separa a dos gigantes. El Atlántico, y sus frías aguas, no colaboran tanto en la evaporación. Al haber menos lluvias, la costa oeste se presenta seca. Esta solo es una de las grandes curiosidades de estas tierras.

En resumen, seguimos aprendiendo y disfrutando. En cuanto a los entrenamientos, mucha paciencia. Esta semana ya tocamos algo la piscina, y retomo lo que nunca descuido, el gimnasio es visita obligada para mi durante todo el año. También es tiempo de empezar a fijarse retos en forma de competiciones para el próximo año.
100 metros para el final. Instantes para cruzar el arco de meta. Se acaban las BSG Energade Triathlon Series, se acaba la temporada más larga de mi vida. Son unos segundos de sprint donde se me aparecen imágenes de todos estos meses. Levanto los brazos bajo la pancarta y me tiro al suelo. Fin a mi undécima temporada en nuestro apasionante deporte. Los 1700m de altitud es la gota que colma el vaso de mi sufrimiento.

Han pasado cinco minutos, mi corazón sigue golpeando con fuerza a un pecho que aun está buscando más oxígeno. No me quiero imaginar lo que se siente a 3000m, o a 5000m. Bueno, que me olvidaba, he sido 7º. No puedo estar muy contento. En los primeros kms de carrera pié he remontado algo, por momentos hasta vi la 4ª plaza al alcance. Pero mi fuerza duró lo que una burbuja tarda en eclosionar en un vaso de bebida con gas.

Antes sí había luchado. Un circuito llano, con escasos giros y el único inconveniente de varios tramos con el asfalto absolutamente reventado, no parece demasiado propicio para desgastar las piernas. Nada más lejos de la realidad. En muchos momentos cierro el grupo, apenas puedo entreabrir los ojos para ver sombras de las que no me quiero separar. Cuando oigo en alguien el sonido de los cambios, tengo el movimiento mecanizado: bajo otro piñón y a exprimir de pié la bicicleta. Ni puedo mirar para ver quién ha osado atacar, bastante tengo con agarrar fuerte el manillar y no perder el equilibrio. Circulamos encunetados, lo que significa tragarse baches, gravilla,.. Tensión con el corazón latiendo a más de 180 pulsaciones.

¿Cómo voy sufriendo tanto? Había gastado mis balas en una escapada. Una rápida natación y la primera ligera subida, habían seleccionado el grupo. El namibiano Louw se lanza en solitario. Yo comparto trabajo con los locales Eksteen y Schoeman. La ambición puede más que mis escasas fuerzas. Así aguantamos hasta el km8, donde nos caza el grupo comandado por los dos hombres que se juegan las series: Murray y Wolfaardt. Es cuando toca sufrir. Tensión. Cuneta. Disfruto sintiéndome al límite.
Un poco antes, por fin había nadado bien. Me dejé llevar por mi instinto. Colocándome a la izquierda aproveché más la fuerza de la corriente del río. Tras llegar 3º a la primera boya, todo es un poco más fácil. Henri volvía a mostrar su poderoso apellido Schoeman, hermano del nadador campeón olímpico, es siempre el primero en tocar tierra. Yo nadaba al rebufo de otros dos buenos peces: Norton, un ex-nadador casi olímpico por sudáfrica, y Louw, el namibiano que recientemente salía segundo del agua en la Copa del Mundo de Corea. Mi cuarta posición, mi buen arranque ciclista y la adrenalina me hicieron probar la escapada que dinamitó mis fuerzas.

Murray consigue, tras su quinto triunfo consecutivo, alzarse por primera vez con las series. Le acompañan en el cajón de hoy, y en la general: el antiguo campeón Wolfaardt y Louw.

No he podido terminar la temporada lo bien que me hubiese gustado. Tras el podio de Marruecos, los entrenamientos han sido muy livianos. Pacientemente iba sintiendo como esa forma óptima que tanto tarda en lograrse, me iba abandonando día a día. Aun así he intentado engañarla y he luchado. Desde luego ha sido todo un placer tomar parte en este circuito tan profesional y bien organizado.
¡Saltando sobre Robben Island!

Hace unos días hablaba con Neville, el padre de Richard, sobre las benevolencias de este región del Western Cape: "si quieres trabajar, vete a Johannesburgo; si quieres vivir, tú sitio está en Ciudad del Cabo. Allí se vive para trabajar y aquí se trabaja para vivir". Este finde conoceré Jo´burg, sus atascos y su enormidad, y creo que ratificaré un poco mejor su afirmación. La segunda parte está más que ratificada; aquí se vive muy bien.

Alguna muestra visual. El otro día nadamos en una de las piscinas más bonitas del mundo. En la foto quizá no se aprecie el placer de poder nadar en una piscina descubierta de 50m, en el centro de Cape Town, con su zona verde para tumbarse tras un buen entrenamiento. Al lado del bravo y gélido Atlántico, que incluso en verano no llega a los 14º. Todo eso es posible, por apenas 1´50€ la entrada, en Sea Point Pool.
Desde ahí un pequeño paseo por la costa. Dejamos Sea Point atrás, atravesamos Clifton y sus famosas cuatro playas. Todo ello para bordear Lions Head, un gran pico que divide parte de la ciudad. La carretera se aprovecha del pequeño valle que forma cuando se une con su "hermana" mayor: la Table Mountain. El símbolo de esta urbe, una montaña con cima plana que, desde hace una semana, es una de las siete maravillas naturales del mundo. Pero mejor os lo explico con otra foto.
El pico más cercano es Lions Head, en medio el pequeño valle por el serpentea la carretera para descender hasta la zona de las playas; y a la izquierda Table Mountain, marcando con sus rampas los límites urbanizables. ¿Y desde donde se pueden divisar tan bien estos parajes? En las fotos estamos en Signal Hill, otra pequeña montaña que vuelve a separar el Atlántico de la ciudad. Las construcciones más privilegiadas, en su ladera, disfrutan de unas inigualables vistas hacia el mar.

Mar que divisisamos desde esta cima dejando las montañas a nuestra espalda. Vemos Sea Point y su piscina, el imponente estadio hecho para la Copa del Mundo 2010, el puerto y su Waterfront. Y, en el medio de la nada, Robben Island. Una puerta al dolor. A 11km del puerto aparece esta isla circular y plana, que le hizo tanto daño a la sociedad sudafricana que es un símbolo del pasado que estará siempre presente para condicionar el futuro. En su cárcel estuvo 18 años preso Nelson Mandela junto con otros detenidos políticos del régimen del apartheid. Hoy es un recuerdo de la crueldad regenerado en museo.
-"Oye Rich, ¿cómo es que está tan de moda el bigote aquí en Sudáfrica?"- 
-"haha. Es Movember, tio"-

Movember, resultado de la contracción de "november" y "moustache" (noviembre y bigote). Así se conoce aquí al undécimo mes del año. No es solo un nombre, detrás de ello hay una gran iniciativa. Los varones inician el mes del año afeitados. Por delante 30 días para dejar crecer y esculpir el bigote. ¿El objetivo? Aumentar la sensabilización y recaudar fondos contra enfermedades del hombre.

Fue celebrado por primera vez en Australia, en 2003, cuando un grupo de jóvenes de Melbourne tuvo la idea de dejar crecer sus bigotes para apoyar a un amigo aquejado de cáncer de próstata. Desde el 2004, la Fundación Movember comenzó a recolectar fondos para destinarlos a la lucha contra el cáncer de próstata realizando actividades en varios países.

Cada "movember" ayuda a cambiar la cara de la salud del hombre al convertirse en una ‘valla publicitaria’ durante los 30 días del mes. A través de sus acciones y los mensajes de sensibilización, los Mo Bros (hombres inscritos en Movember) promueven la conversación privada y pública en torno al tema, a menudo ignorado, de la salud de los hombres.

A final del mes, para celebrar los esfuerzos y resultados conseguidos, los Mo Bros organizan fiestas Movember, donde se otorgan los prestigiosos títulos de Miss Movember y Man of Movember, a la vez que se recaudan fondos.

Yo aprendí la regla en mitad del mes, pero he aprovechado para aportar mi granito de arena. En noviembre.. ¡vivan los bigotes!
La alarma nos sobresalta antes de las 6am. Worcester, a unos 100km de Cape Town, nos permite viajar en el día. Una semana más tarde. Ya estoy adaptado. Ya conozco las rutinas de estas series. Ya ha aterrizado el verano y el calor. Hoy sí que voy a disfrutar compitiendo.

Rutina pre-carrera: hacer cola para recoger el gorro de natación, anotar el número de chip, body marking. Estamos listos para entrar en boxes. Dejamos todo colocado, repasamos mentalmente los recorridos de boxes y las transiciones. Estamos listos para calentar. El tiempo, ya limitado, sólo nos permite un trote y unas escasas pero potentes brazadas.

30". Rechazo situarme en el que creo mejor lugar, la izquierda, para ponerme al lado del mejor nadador, Schoeman. Mi único objetivo son sus pies. Salgo relajado, me sorprende que el ritmo no sea más elevado. me voy concentrando en situarme a su estela. Cuando lo voy a conseguir se desata una pequeña batalla. Me hunden agarrándome del hombro. Devuelvo la jugada. He perdido los preciados pies. Cuando me restablezco... ¡vaya codazo en el ojo! Las gafas se me llenan de agua. Solo espero no haber dejado una lentilla de regalo en el lago.

Cuando me hago espacio, ya está el pescado vendido. Schoeman, Norton y Louw ya son inalcanzables. Pongo mi ritmo y sí supero a Eksteen y Blignaut. Cojo un poco de aire para la transición. Tocamos tierra con una sorpresa. -"¿Otra carrera lloviendo? ¡Pero si ayer pasamos de los 30º!"- Llueve. Fuerte. Por no hablar del terrorífico viento.
Mejoro mi penosa transición de la semana pasada. Pero no lo suficiente. Empiezo a pedalear con Murray. El grupo está delante. Luchamos contra el dolor de piernas, pero sobre todo luchamos para mantenernos sobre la bicicleta. El viento zarandea las EDCO de lado a lado de la carretera. La lluvia nos golpea con fuerza en la cara... toca sufrir. Entro al relevo con Murray, tenemos que acercarnos a la cabeza.

Una silueta. Theo Blignaut se ha descolgado de la cabeza. Un poco más tarde, otro convidado. Norton tampoco aguanta a los líderes y se une a nuestro grupo. El trabajo de caza es de Murray y mio. Me estoy quedando sin fuerzas -"Vamos MASSI, hay que empujar"-


En el punto de giro cogemos referencias con el trío de cabeza. No estamos tan lejos. Hay carrera, aunque no mucha para mis piernas. Mi depósito está en reserva. Definitivamente creo que la temporada se me está haciendo larga. El último repecho y la bajada hacia boxes ya me sobran. Theo y Murray me cogen 15" valiosos segundos. Éste último sale poseído para recortar los 45" de diferencia con el trío cabecero.
Me siento rápido. Acorto la zancada, las NEW BALANCE traccionan a la perfección en las condiciones tan extremas. Pero no recorto diferencia con la quinta plaza. Por no hablar de mi compañero, ya lo he perdido en el horizonte. Punto de retorno, viento de cara. Ahora sí parece que carburo. Los 20km me han fundido, tme ha costado 3km, pero ya me siento potente. Esto coincide con el tramo más duro: viento en la cara y camino de piedras. Ahí supero a Theo y me aúpo a la 5ª plaza. Cerca de la 4ª de Schoeman. El podio para Eksteen (3º)  Louw (2º) y un impresionante Murray (1º) corriendo en 15´23" con estas condiciones. Hoy sí he disfrutado sintiéndome competitivo.
Domingo. El mal trago del debut triatletico no duró demasiado. Horas después de arrastrarnos, cambiamos la bici por el coche, camino a uno de tantos parques donde uno puede contemplar la vida salvaje. Para cualquier europeo, incluso para uno que viene del  verde país de las lluvias, es imposible no asombrarse ante estos parajes. La primera foto, para uno de los "cinco grandes". Así se conocen a: león, elefante, búfalo, guepardo y rinoceronte. Es una observadora leona, estamos a apenas dos metros de ella... ¡pero dentro del coche!
Antes de entrar en el parque nos quedó bien clara la prohibición de bajarnos del vehículo, salvo en las zonas habilitadas para ello. Uno conduce por alguno de los senderos del parque y se va encontrando animales. Los blesbock (foto superior) se mostraban con frecuencia a nuestro paso. Cabeza siempre blanca. Cuernos imponentes. 
 
Si a algún animal en particular tenía ganas de fotografiar, esa era la cebra. Una divisamos, pero demasiado lejos para nuestro objetivo. Los más parecido que "atrapó" la cámara fueron los nyalas. Curiosa la diferencia entre las femias (foto superior) y el macho (foto inferior).
También había sitio para animales más grandes. Este ñu nos intimida mientras su compañero pace relajado.
Pero faltaba el rey de la jungla, el animal que da nombre al parque: los leones impresionan. Mucho. Junto a los tigres, eran los únicos ejemplares que estaba separados del resto del parque. Tenían su zona delimitada mediante alambradas. Bajándose de cuclillas, la respiración de esta fiera caminando a unos cm de nosotros es... sobrecogedora.  León y leones estaba igualmente separados en diferentes zonas. Había también leones blancos, una especie más difícil de observar.
No podíamos quedarnos sin la jirafa. Su impresionante cuello se alza entre los árboles buscando las hojas más tiernas.
Y antes de despedirnos, un pequeño regalo. En la zona de protección del parque nos encontramos estos gatitos. Dos tigres de apenas siete semanas de vida; a los que tienen que separar de sus progenitores porque estos o los matan o los abandonan. Mi limitada compresión no me permitió preguntar por qué. Quizá sean leyes que solo entienda la sabia naturaleza. Junto a ellos, cuatro pequeños leones, dos de ellos blancos. Viéndolos así de juguetones, hasta tiernos, cualquiera pensaría que se convertirán en esas preciosas bestias del reino natural.

8h después, llegamos a Port Elizabeth. 700km desde Cape Town. Donde habíamos aterrizado hacía 48h desde Madrid previo paso por Londres. Otros dos días antes volábamos 4000km entre Madrid y las Azores con escalas en Lisboa y Porto. Y aun antes tocaban 600km en coche entre Compostela y Madrid. -"Si ya empiezamos con excusas el relato, mal vamos"- 

Sería la emoción de poder disfrutar de los increíbles y cambiantes paisajes surafricanos. O sería la emoción de competir en un sitio nuevo, con gente nueva; el caso es que me encontraba bien. Las BSG Energade Triathlon Series tenían su quinta parada en PE. Espectacular montaje de unas series muy profesionales. Cuando entramos en boxes empieza una lluvia que nos acompañará toda la prueba. Bajo ella soy entrevistado por la televisión que cubre la prueba.

Sin apenas tiempo para calentar, incomodado por la lluvia, me enfundo el NINETEEN. Tarea complicada cuando uno está mojado. Aquí la élite corre separada. Somos solo 7 triatletas, luego vendrá el turno para los más de 300 participantes de grupos de edad. -"Un poco extraño esto de correr tan pocos, ¿no?"- Uno se evita golpes, pero también es más difícil hacer diferencias. Las sensaciones distan mucho de las ideales, pero voy en el paquete.

En la segunda boya la gente se abre hacia la izquierda. Demasiado, pienso yo. A la derecha voy... ¡hasta que me doy cuenta de que el equivocado soy yo! No había visto la última boya. Sprinto y vuelvo al grupo. Hay corte. El nadador Schoeman (hermano del laureado nadador olímpico) toma la cabeza. Mis fuerzas llegan hasta los pies de Abrahm. Ojalá podamos abrir algo de hueco.

Esto se acaba. Surfeo la ola buena y aterrizo en la arena en segunda posición. Larga transición. Escaleras, pasarela de madera, asfalto, hierba. Estamos en el box. Me abrocho mi SH+ mientras bajo el neopreno. La pierna derecha me hacer perder unos segundos. La izquierda se atasca aun más. Poner el neopreno estando uno mojado no es buena idea, no traten de hacer esto en sus casas. Uno a uno me van sobrepasando mientras sigo luchando.

Por las malas lo consigo. Salto a la MASSI sabiendo que toca sufrir. El grupo no está lejos. Me acerco. -"Otro esfuerzo más, Antón"- Qué manera de sufrir. La lluvia parece que bloquea mis piernas. El cuentakilómetros no baja de 48km/h... -"¿A cúanto van ellos por favor?"- Mi cabeza se rinde un poco antes de lo que pedían mis piernas. Seis hombres forman el grupo cabecero. El foráneo queda eliminado. Fin de mi carrera.

Quedan 18km de arrastre. -"Venga, solo es un sprint. Trata de sufrir y hacer tu carrera"- Cuando paso el km5 me parece que llevo 2h encima de la bici. Por momentos me concentro y pienso que consigo sufrir y logran un buen ritmo. No debí conseguirlo mucho cuando vi en los resultados que me habían metido 5 minutos en los 20km.

Aun hay que correr. Aquí me será más fácil exprimirme. Es el entreno de calidad, tan necesario a estas alturas de larga temporada. Por momentos me veo bien. -"Zancada más corta, el pié despidiéndose del suelo con los dedos"- Tampoco lo debí conseguir mucho. Otros casi dos minutos perdidos en la carrera a pié. Mi colega Richard Murray vence por tercera vez en las series. Le siguen Claude Eksteen y Abrahm Louw.
Este domingo, nueva parada de las Series en Worcerster. Aquí solo podemos mejorar. Y ahora aun tengo más ganas de hacerlo bien.

Pero como no todo iban a ser malas experiencias, esa misma tarde disfrutamos del Lions Park. Pronto las fotos. Si os gusta la naturaleza y los animales... os gustará la próxima entrada.

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