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A veces la vida, si las persigues, te da segundas oportunidades. El 2016 es el año de mi vuelta al profesionalismo tras dos años y medio estudiando (Máster en Gestión Internacional de la Empresa por la UIMP) y trabajando (Oficina Económica de la Embajada de España en Brasilia). Dejo pasar una gran oportunidad laboral y la seguridad de un buen sueldo a fin de mes para volver a perseguir sueños con la incertidumbre y precariedad (y también la tremenda ilusión) del deporte minoritario. Y retomo el deporte como brasileño, país que me abre sus puertas para iniciar un largo, incierto, duro y apasionante camino para luchar por estar en Tokio 2020. 

Es imposible no tener dudas tras casi tres años fuera de una prueba ITU. Pero las dudas se disipan con trabajo, trabajo duro con el que llego en marzo a Valparaíso, Chile. El camino se inicia de la mejor manera posible: campeón Sudamericano de Triatlon en mi debut con los colores de Brasil en la ITU Copa Continental de Valparaíso. Mis primeros 100 puntos en el Ranking Mundial.

Turno para mi primer Campeonato de Brasil de Triatlon Olímpico. El calor y la humedad de João Pessoa me hacen empezar la prueba con una sonrisa. Tras una natación y ciclismo disputados pero sin romper el grupo, los 10 km de carrera a pié deciden los puestos de honor. Bella lucha codo con codo con la gran promesa (y realidad) brasileña: Manoel Messias. A falta de 2 km consigo despegarme y alzarme con el título de Campeón de Brasil de Triatlon. 2 de 2. Que esto no se pare.

Todo va a pedir de boca y llego a un lugar talismán: Huatulco, Mexico. Aquí había sido 6º en la edición 2013 de la Copa del Mundo, mi mejor resultado internacional hasta la fecha. Llego como antepenúltimo en el Ranking Mundial entre los participantes pero con ganas de luchar. Natación y ciclismo muy exigentes, como no podía ser de otra manera en una prueba que otorga alguno de los últimos puntos para la clasificación olímpica. Corriendo disfruto sufriendo cada paso en la prueba más dura del calendario ITU mundial. Excelente 5º puesto en la Copa del Mundo de Huatulco donde por primera vez en mi vida disputo el podio en una Copa del Mundo.

Una semana más tarde, el 15 de mayo disputo en casa el Sesc Triathlon de Brasilia. Gran plantel de salida y disputa asegurada. En el km 30 del ciclismo el segundo grupo nos alcanza poniendo fin a una escapada de 6 hombres desde la natación. De nuevo los 10 km de carrera a pie son decisivos. Y de nuevo de vislumbra una espectacular lucha con Manoel Messias y Flavio Queiroga. Por un momento Messias se distancia en cabeza, pero consigo rehacerme y me llevo un nuevo triunfo. Mi primera victoria en el prestigioso circuito Sesc Triathlon. Sigo en la cresta de la ola.

Tercera semana consecutiva de competición, esta vez por partida doble. Recién llegado del calor de Brasil me recibe la lluvia y el frío de Pontevedra para la Copa del Rey de Triatlon. No consigo sobreponerme al cambio brusco de clima y penalizo al equipo. En el Arcade Inforhouse Santiago terminanos en una triste 11º posición. Al día siguiente sale el sol y nos conjuramos para revertir la situación. En una gran actuación con Alberto Castiñeira y Diego Paz (y con la fuerza de todo el equipo) somos Subcampeones de España de Triatlon por Relevos.

Tiempo para unas merecidas vacaciones. Intento no levantar los pies del suelo pero me sé dichoso por el espectacular inicio de mi vuelta al profesionalismo.

Con escasa preparación después de mi parón, me presento en la linea de salida de la 2ª etapa de la Bundesliga en Ingolstadt. 11ºC grados de temperatura, lluvia y ¡natación sin neopreno! Difícil cóctel para un neo-brasileño como yo. Sufro en la natación y sufro aun más en el ciclismo. No paro de temblar por el frío hasta que antes del km 4 alguien me golpea por detrás y me arrolla sin que pueda poco más que colocarme para caer. Del asfalto a la ambulancia. Se acaba la carrera para mí con un recuerdo en forma de cicatriz en mi rodilla derecha.

Dos semanas más tarde, vuelvo a Alemania para la 3ª etapa de la Bundesliga en Düsseldorf. La herida en mi rodilla a penas me ha dejado entrenar desde Ingolstadt, al dolor del golpe se unen unas horribles sensaciones entrenando con el parón de las vacaciones y la posterior caída. Días duros. Pero hay que cumplir con el equipo MRRC München. Preveía un día difícil y no me equivoco. Una natación llena de golpes en posiciones retrasadas. Rápido ciclismo donde sólo al final conseguimos cazar al tercer grupo y carrera a pie "con lo puesto" para terminar en 33ª posición.

Tengo dos semanas y media para volverme medianamente competitivo. La herida va curando y puedo volver a entrenar sin que ello sea una tortura. Gracias al #TeamBlume voy saliendo del bache. Lejos aun de mi estado de forma del principio de año pero con algún destello de ilusión voy a Francia para participar en el Grand Prix de Gray el 14 de julio. Buena natación, ciclismo sólido y veloz y buena carrera a pie para finalizar el 14º en el Grand Prix de Gray. Buen resultado en la mejor liga de triatlon del mundo. Mi equipo, Saint Jean de Monts, se mantiene en 2ª posición en la clasificación general.

Cinco días de mini-vacaciones en París para cerrar una etapa dura y seguir el camino de nuevo en Brasil.

En agosto retomo la competición en el Sesc Triathlon de Manaus. Por problemas de la organización, la prueba se cambia a duatlon: 10 km - 40 km - 5 km con 34ºC grados y la humedad infernal del Amazonas. Supervivencia. Vinuto y Colucci se escapan en el inicio del ciclismo y pierdo el sprint final con Queiroga para ser 4º en el Sesc Manaus. Mal resultado y buen entrenamiento para seguir progresando.

El 28 de agosto es el turno de Belém, también en el caluroso y húmedo norte del país. En distancia sprint Danilo Pimentel gana la prueba tras escaparse en el ciclismo. Tras liderar la natación y un buen segmento a pie, termino 2º en el Sesc Triathlon Belém.

Tiempo de regresar a una prueba ITU: Copa del Mundo de Salinas, Ecuador. Me presento en la línea de salida con 45 días de buenos entrenamientos aunque con unas molestias en mi pie izquierdo. Gran natación que me afianza en el numeroso primer grupo de casi 50 unidades. La carrera a pie es una lucha constante con el tremendo ritmo (14'56" en los 4,9 km) y las fuertes molestias de mi pie. Finalizo 13º en la Copa del Mundo de Salinas. No es el resultado que esperaba pero estoy contento con mi lucha en una prueba rápida y muy disputada. Nuevos y valiosos puntos para seguir escalando en el Ranking Mundial.

Tiempo de desconexión. Vacaciones en Ecuador en parte planificadas y en parte obligadas. Mi dolor en el pie resulta ser una tenditinitis en el tibial posterior que me deja sin poder correr durante cinco semanas. Gracias a Wesley (Kale Espaço Saúde) consigo recuperarme a tiempo para las últimas competiciones del largo año. No puedo debutar con mi equipo São Jose debido a la cancelación por inclemencias metereológicas de los Juegos Abiertos de Santa Catarina - JASC.

27 de noviembre, Argentina. Con pocas fuerzas tras el largo año, algunas dudas por las escasas tres semanas de entrenamiento a pie tras la lesión y muchas ganas nos ponemos el dorsal. Nado a cola del primer grupo, incómodo. Un grave error en la primera transición me aleja del primer grupo. El ritmo sobre la bici es impresionante y no consigo agarrarme a la rueda de mi amigo y anfitrión Lucho Taccone, el último vagón a la gloria. Incrustado en el tercer grupo vemos como perdemos segundos a cada vuelta. Empezamos a correr a casi dos minutos de cabeza, con poco que ganar y nada más que perder. Sorprendentemente me muestro competitivo a pie y consigo remontar hasta ser 6º en el Campeonato Panamericano de Triatlon. Un resultado decente y una oportunidad perdida.

Cuando llegaba el punto y final de la temporada, me caliento. Tras días de dudas me invento un nuevo reto en la última prueba ITU del año. Viajo a Galicia desde Brasil y desde allí al Sahara Occidental. Llego a la ciudad a las 04:00 de la mañana, nueve horas antes de la salida. Definitivamente no fue una buena idea. Mi plan de buscar una última carrera para finalizar con buen sabor de boca la temporada resulta un fracaso. Sólo consigo ser 15º en la Copa Continental de Dakhla. Miro atrás y veo poco entrenamiento en los últimos dos meses, un cansancio quizá normal en el largo año de mi vuelta al profesionalismo.

Pero miro más atrás, al global del 2016 y me siento satisfecho. Títulos, grandes carreras, buenos entrenamientos, impagables experiencias y mucho aprendido para seguir mejorando y luchando. Queda mucho pero seguimos avanzando. Gracias familia, amigos, Sara, César Varela, compañeros de entrenamientos (Paulo, Cid, Rafa...) y patrocinadores (Massi, Taymory, Rudy Project, SportMed-Edco, 226ERS, Huub, Train2Go) por ser exactamente cada una de las piezas necesarias para que este camino pudiese recomenzar y hacerlo con éxito. 

¡Nos vemos en 2017! #Lume


Créditos de la foto: www.trichile.cl

Quince pasos antes de lanzarnos al Pacífico. Como de costumbre reniego de un punto de velocidad sobre la arena por asegurar un control que me evite caer y regalar segundos en un momento vital como la salida. Y eso me hace dar las primeras brazadas bastante atrás. Busco hueco y lo encuentro por la derecha. Desde ahí partían los mejores nadadores y hacia ahí me fui en busca de su estela.

Dudo que haya muchos triatletas por detrás de mi, pero me centro en explotar el hueco que he encontrado sin perder la calma. No hay secretos, el comienzo de la natación significa poner nuestro 100%. Más si cabe en distancia sprint. Nadando plano, con frecuencia y más frecuencia gano posiciones hasta sentirme en situación privilegiada incluso antes de la primera boya. Demasiado rápido hasta para un optimista como yo. Giro la boya por dentro entorno a la sexta posición, desde ahí ya no me separaré del gran David Castro. Como en los viejos tiempos en Alemania, pegados casi como para poder besarnos pero sin siquiera rozarnos y menos aun molestarnos.
Con la sensación del trabajo bien hecho en el agua, mi cabeza pasa a visualizar la transición y el ciclismo. Seis Copas del Mundo ITU y las seis abandonando el agua en el top 10. Un buen dato que puede no valer de nada si no seguimos luchando. En la transición toca sufrir, por el habitualmente frenético y tenso cambio de disciplina que decide pruebas y hoy además por mi renqueante pie. Corro como puedo, pierdo algunas posiciones y me subo a la bici tras Grajales (MEX) y Hollaus (AUT).

No miro atrás pero sé que la natación no ha conseguido romper demasiado el grupo. Se está formando un grupo delantero de una docena de unidades y estamos unos diez segundos retrasados. Si el comienzo de la natación es sinónimo de dar absolutamente todo, ponme ahora un 120% para la T1 y los primeros kms de ciclismo. Las piernas responden, la cabeza vuela y así contactamos con la cabeza antes de dos kms. Desde ahí el ritmo frenético da un claro respiro y muchas más unidades llegan a este primer grupo.

Los veinte kms planos de ciclismo conjugan por igual la esquizofrenia del asfalto roto y piedras sueltas con la tranquilidad y buen rodar de la parte con asfalto liso cual moqueta. En la primera mitad agarramos el manillar con todas nuestras fuerzas y casi cerramos los ojos esperando que la bicicleta no se desintegre. Mientras que en el final de cada vuelta disfrutamos de la velocidad y el buen piso. En ambas superficies se producen intentos de fuga que hoy no tienen destino feliz.

El único picante del menú es la lucha por encabezar el grupo en la segunda transición, tarea en la que vuelvo a reprobar a sabiendas de su vital importancia. La mala colocación en la entrada de la T2 la suplo calzando veloz las zapatillas y saliendo a correr en otro esfuerzo del 120% durante el primer km. Rápido localizo a David Castro y a él me sueldo sabiendo que llegaremos hasta la punta de la carrera.

Lo hacemos antes de completar el primer mil. Somos doce atletas en cabeza, pero el sobreesfuerzo para conectar me hace rezar para que el grupo se rompa en dos y encontrar un ritmo un poco más liviano. Y pasa, pero a medias. Sólo Danilo Pimentel (BRA) pierde contacto. Estoy tras él y me quedo sin respuesta ni fuerzas para reaccionar y volver al grupo. El top10 se escapa entorno al primer km y medio. Pero hemos venido a luchar. Contra el dolor de cuerpo y mente ante el fuerte ritmo y contra el dolor de mi maltrecho pie. Cada zancada es una pequeña tortura. Me engaño diciéndome que pasará si me concentro (¿¿más??) -"Llevo tres meses silenciádote para llegar a esta prueba. Vamos, tres kms más y en serio que empiezo a tratarte y descansar"-

Ecuador de carrera a pie. Me alcanzan Bicsák (HUN) y Hollaus (AUT), me sueldo a ellos... un km. El cuerpo solo pide clemencia desde ese km inicial de sobreesfuerzo, pero consigo apañarme para seguir peleando en un buen ritmo. No quiero ni mirar atrás. Hacia delante veo que Pérez (MEX) pierde contacto con el grupito que me precede ¡A por él! Últimos cuatrocientos metros, lo supero y cruzo la meta en 13ª posición. Buf, no sé si estoy más contento por el resultado o por terminar con la agonía del pie. O por la victoria de David Castro y el magnífico 5º lugar de Antonio Serrat, ¡enormes!
Había trabajado con la expectativa de algo más, pero estoy contento con la lucha tal y como ha ido la carrera. El quinto top14 en las seis Copas del Mundo ITU que he disputado en mi vida. Seguimos en la buena linea, sin prisa pero sin pausa. Esto no se para. #Lume!

Aquí los resultados completos de la prueba.
Huatulco, México. Tres años después. El mismo golpe de calor y humedad me recibe al tocar tierra. Las mismas (o más) ganas de sufrir en la prueba ITU más dura del mundo. Los días previos son tranquilos exceptuando una dura sesión de carrera a pié como shock para adaptarnos al calor que, también como hace tres años, realizo con mis amigos Gonza (Tellechea) y Lucho (Taccone). Ellos además me ayudan abriéndome las puertas de su cuarto. Gracias culeados :)

Vuelvo a repasar mentalmente las transiciones delante de mi bicicleta con el dorsal 57. Todo listo. Caliento cinco minutos en el agua donde reafirmo mis buenas sensaciones. Este año han adelantado la salida. Son las 08:25 y la temperatura aun es agradable antes de que aprete el calor. Presentación de atletas. Con el penúltimo dorsal, escojo el primer sitio libre que diviso. 

"On your marks"... ¡Piiiii! Cuatro pasos sobre la arena y entramos en el Pacífico. El koreano Seo parte con mucha fuerza y busco sus pies. Lucho por no perderlos. ¡Veinte segundos de prueba y ya voy a tope! A más tiempo en su estela, mejor llegaré a la primera boya. Ahí los golpes se ponen serios. Todo el mundo defiende su posición, cuando no lucha por mejorarla. Al pasar por el lado de fuera, pierdo varias posiciones. Calculo que voy sobre la posición 20ª. Debo progresar para evitar problemas. Paso por encima de dos triatletas para situarme en el lado derecho y así pasar por dentro las boyas. Aprovecho la corriente a favor terminando el primer giro de 1.000 metros para seguir progresando. 

Toco la arena en 10ª posición. En vano espero que mi buena posición y el pasar de los metros contribuyan a reducir unos golpes que no pasarán hasta salir definitivamente del Pacífico. Tensión. Huatulco es la penúltima carrera antes de cerrar la clasificación olímpica, varios países se juegan el todo por el todo aquí y ahora. La tensión está a la altura.
Corro por boxes con mi bicicleta en la mano, me cierran, golpeo a mi compañero Colucci... Más tensión. Tras él empiezo a pedalear. Pronto compruebo que somos un grupo grande de unos 40 atletas. Primera subida pequeña, retorno, segunda subida fácil. En el tramo continua el ritmo vivo. Y ahí está ella: 18% de desnivel. Bienvenidos al terror de Huatulco. Y diversión claro. Todos de pié sobre las bicis. El calor se multiplica con el dolor de piernas y el corazón en la boca en esta subida. Ya estamos arriba. Corto descenso y otra pequeña subida antes del vertiginoso descenso que nos devuelve a boxes. Genial, sólo quedan siete veces más.

La altimetría, las curvas el asfalto roto y por supuesto el ritmo, hacen difícil poder recuperar. Y cada subida duelen más las piernas. Por más que lo intento no consigo situarme en la parte delantera del pelotón. Voy atrás, o en el medio si peleo duro. Pensar que hace tres años tenía la situación bajo control y ahora voy a merced del grupo me desconcierta. Me duele la espalda de retorcerme en cada subida. Las piernas están cada vez más duras. Bebo agua e isotónica, pero algún calambre parece pedir permiso para aparecer. ¿Cómo voy a correr 10 km así?
Ok, eso es un problema del futuro. Olvídalo. Por ahora piensa sólo en la bici, en aguantar el fuerte ritmo. Al conversar con compañeros tras la prueba comprobé que no era el único que se retorcía. Tres minutos más rápido que otros años dan una idea de la tensión de esta edición. La dureza del ritmo y la rudeza del asfalto hace que nuestro grupo disminuya a cada vuelta con pinchazos, averías mecánicas o simplemente falta de fuerzas.

Dejamos las bicicletas. Aun no sé cómo, pero vamos a correr. Ahhhhgg... Tirones en ambas piernas al agacharme me recomiendan calzar despacio las zapatillas. Tanto que abandono los boxes último de los treinta supervivientes del primer pelotón. Unas pocas zancadas me sirven para ahuyentar miedos a más calambres. Incremento el ritmo, empiezo la remontada e incumplo la regla número uno en la prueba ITU más dura: no des el 100% en ningún lugar que no sea la meta si quieres llegar a ella.

Calor y humedad casi imposibilitan recuperarse de un esfuerzo máximo. Pero es ahora o nunca. Si quiero luchar los puestos de honor tengo que remontar lo perdido en boxes cuanto antes. Sigo progresando cual jabato poseído. No sé cómo, pero en el primer km ya soy 5º. Por delante Diemunsch camina sólo a por la victoria. Pimentel (BRA), Geens (BEL) y Box (AUS) forman un terceto unos quince metros delante de mí. Otros quince metros por detrás se encuentra el grupo al que acabo de sobrepasar. Estoy en tierra de nadie. Mis fuerzas ya escasean. La cabeza se nubla y quedan 9 km por delante. 

Último esfuerzo. Tengo que conectar con el terceto. Ahora o nunca. Aunque sé que lo pagaré más adelante. Cierro los ojos y pongo todo. La piel se me eriza del sufrimiento y el fuerte calor. Y llego. Completando el primer giro de 2,5 km somos un cuarteto luchando del 2º al 5º lugar. He dado todo. Geens y Box se giran sorprendidos al ver que alguien los acaba de alcanzar por detrás. 

Sufro en la subida. En la bajada. En cada ataque de Danilo. En la réplica de Box. Los calambres vuelven a llamar a la puerta. Me concentro en seguir y no pensar en nada. Cada km con ellos es un triunfo. Sólo puedo pensar en asegurar el 5º lugar.
Última vuelta. Geens ataca decidido. Box intenta seguirle. Me acuerdo del esfuerzo extra de mi primera vuelta, no puedo cambiar de ritmo. Danilo también entra en crisis y no nos separamos hasta el final. Diemunsch arrasa en su cuarta participación aquí. Geens (2º) y Box (3º) son el podio que siento que por primera vez en mi vida he acariciado en una Copa del Mundo. Danilo es 4º. Soy 5º en la Copa del Mundo de Huatulco. Tres años después. El dolor se transforma en inmenso bienestar al cruzar la meta. ¿Será esta la droga que nos hace soñar cada día? Otro (gran) paso en el largo camino.





Piensa en algo agradable. Sí, esos deliciosos "jugos" naturales de frutas exóticas que cada noche degustamos antes de cenar, vale. Poco dura su efecto placebo. Me encanta el agua caliente, pero los 30ºC del Pacífico y el fuerte ritmo de Aurelien Raphael (FRA), me hacen sentir incómodo. Por una vez hasta deseo que llegue la agonía de correr por la arena para iniciar el segundo giro de natación. 

Había hecho los deberes llegando 4º a la primera boya. Para ello había corrido con fuerza por la arena antes de zambullirme en el mar. Y sabiamente me había movido desde el flanco central hacia la punta izquierda en la que el francés se destacaba, arrastrándonos a varias triatletas a su estela. Voy sufriendo por ritmo y calor, disfrutando por saber mi privilegiada posición entre los mejores nadadores.

Segunda vuelta. Dejo pasar a Knabl (AUT) y Barraza (CHI). Por fin me relajo, siento que nado largo. Por poco tiempo. Se acerca la transición. Y la sauna. Cambiamos los 30ºC del agua por los 35ºC de ahí fuera. Cambiamos gorro y gafas por casco y bicicleta. Seguimos mojados, del mar azul turquesa a un mar de sudor que ya acaricia nuestra piel.

Comienzo a pedalear en cabeza. Un repecho y su bajada. Giro para volver a subirlo. Y bajarlo. El grupo es numeroso; la gente se mira con respeto ante lo que nos espera. El falso llano hacia arriba termina en el matadero. 300m de pared al 18%. Plato pequeño, empiezo sentado con pedaleo alegre para acabar de pie atrancado, tirando de riñones. Arriba respiro. Ya está, "solo" quedan siete pasos.

El miércoles tuve mi bautismo en la mítica cuesta de Huatulco. Cinco series con los amigos argentinos Taccone y Tellechea llegan para torturarme. -"No te quiero ver más, hasta el domingo"- le dije a la maldita subida. Y así fue, salvo alguna visita fugaz que me hizo en sueños. Quiero decir, pesadillas.

Giro en el pavé. Cuarto y úlitmo repecho que enfilamos antes de la bajada reina. ¡90km/h botando sobre sus baches y asfalto rugoso! Para valientes. Así llegamos hasta boxes. Vuelta a empezar. "Solo" quedan siete vueltas.

Raña se escapa con Ventura (POR) Cabeza fría. En mi mente retumban las palabras que más me repetían antes de salir: es una carrera de supervivencia. En la siguiente cuesta-de-la-muerte los neutralizamos. Corono entre los cuatro primeros de un grupo que sigue perdiendo integrantes. Alguno ilustre, como el olímpico Grajales (MEX). Al tiempo que otros entrarn: Parienko (RUS), y Taccone y Tellechea (ARG) demuestran su podería al recortar los 50" de desventaja con los que iniciaron el ciclismo.

Raphael (FRA) inicia su aventura en solitario. Por detrás, sin llegar a unirse, también sale Taccone. Y Facchinetti (ITA), al que más tarde cogemos. La cuesta-de-la-muerte se me hace cada vez menos dura. Ni rastro de las penurias que me regaló el miércoles. Corono siempre guardando un punto en cabeza, buscando algún corte de al menos cuatro o cinco integrantes. Cada giro la gente se retuerce más, yo le voy cogiendo el gusto. Sello la paz, ya no eres más de-la-muerte. Disfruto retorciéndome sobre la MASSI empapado en sudor sobre la extraordinaria pendiente.

Casi 1h30 de carrera. Boxes. Empiezan los 10 km de carrera a pié. Por unos eternos segundos no puedo respirar. Agua congelada que los voluntarios nos entregan en cinco puntos del circuito resbala por mi piel perennemente empapada. Benditos segundos antes de volver a la sauna. Seguimos. Sufriendo. Huatulco es sobre calor, cuestas, sudor y sufrimiento. Ataco en la primera bajada. Me lanzo a por la cuarta plaza. Al momento observo que hice daño. También a mi. Pequeño vómito que me recomienda levantar el pié. Así formo un grupo con los brasileños Matheus, Carvalho y Pimentel, y Sarmiento (MEX).

Parienko (RUS) lanzado a por lo que es su primer triunfo en una Copa del Mundo. Taccone (ARG) aguanta extraordinariamente la 2ª plaza. Mientras que el héroe local, Perez (MEX) vuela hasta el bronce. Tras rebasar al francés y quedarse Sarmiento, corro entre los brasileños, del 4º al 7º. Hasta que Matheus se va. Carvalho lo intenta. Fatiga. Calor. Sudor. Me quedo con Pimentel. Vamos, solo 2 km más. Es cuando miro mi pulsera verde. Esa de los días de sufrir de verdad. Esa que resuena en mi mente: "nadie dijo que iba a ser fácil". Ataco. Alcanzo a Carvalho. Se queda. Pero Pimentel aguanta. Me pasa. Me ataca. Cierro los ojos, lo poco que podían permanecer abiertos. Se me va. Y veo la meta. ¡Sí! Brazos arriba. Gesto de rabia. ¿Qué hay cuando traspasas la barrera del sufrimiento? Calma. Mucha calma. Cruzo la meta en una nube. Ruanova 6º en la Copa del Mundo de Huatulco. Sí, no se si exactamente igual que como en aquel sueño, pero esta realidad ya la había soñado. Lloraría, gritaría, saltaría, pero estoy en paz. Estoy en calma. ¿Será el esfuerzo? ¿Será la satisfacción? ¡Viva México cabrones!
Levanto la cabeza. Primera boya. En décimas de segundo la dejo atrás girando como una serpiente. Mientras me retuerzo recibo un fuerte codazo en los ojos. Hay décimas de segundo que parecen eternas. Mi gafa derecha se llena de agua. Entrecierro el ojo, aun así creo que he perdido mi lentilla. El corazón late a 180 pulsaciones, pero soy capaz de organizar mis pensamientos. Veinte metros y volvemos a doblarnos para pasar la segunda boya. Ahí aprovecho para quitar el agua de la gafa. Segundos, quizá décimas de ellos, pero suficientes para perder la estela del triatleta que me precede. Aprieto fuerte. Tengo que recuperarla. Respiro cada cuatro brazadas. Obvio que ya he hecho un esfuerzo máximo hace unos segundos. A tope como si fuese la salida. Salida desde un pontón del que hemos saltado no hace ni dos minutos.

Respiro. Conseguido. Recupero la calma relativa al volver a nadar a pies. Voy en tercera posición. Dos de los mejores nadadores del circuito ITU, el austriaco Knab y el ruso Pimenov, marcan un fuerte ritmo que confío rompa la carrera. Las pulsaciones empiezan a bajar. Acompaso la respiración. Disfruto sobremanera, soy capaz de relajar tensiones al tiempo que seguimos a un fuerte ritmo.

No todo es color de rosa. El brasileño Fonseca trata de ganar mi posición. El pequeño estanque donde nadamos condiciona este primer segmento: tres vueltas para completar los 750m. La escasa distancia entre boyas es donde el brasileño trata de sobrepasarme. No cedo. Con un par de golpes le enseño que no podrá adelantarme por el interior. Con la lucha estamos a punto de volver a perder la estela del dúo cabecero. Gano la pequeña batalla, sigo cómodamente en la tercera posición.

Tocamos la alfombra azul que nos marca el camino hacia boxes. Escaleras. Largo camino que vuelve a probar nuestro máximo. Encesto las gafas y el gorro en la caja. Casco. -"¡¿Quién ha tocado mi casco?! Esto no estaba así."- Pierdo unos segundos. Salto sobre mi MASSI introduciendo los pies en las zapatillas al vuelo. A tope.

Malditos segundos. Un despiste en una carrera de este nivel suele ser fatal. Veo marchar al quinteto cabecero. Están cerca. Junto con Vicente Hernández y el serbio Stojanovic, luchamos por llegar al vagón de gloria. -"Ahhhggggrrr... ¡qué dolor de patas! Let´s goooo. We have to push now!"- En el giro de 5km desistimos. Nos atrapan quince unidades pasando fuerte al relevo. Ahora somos dieciocho currantes. Ahora sí os vamos a coger. Lo hacemos en el ecuador del ciclismo. ¿Y entonces que? Parón. Sin nadie a quién perseguir, sin nadie de quién escapar... Los últimos kms son un paseo. Calma tensa. La pausa del guerrero. La carrera a pié será la batalla que seleccione a los ocho elegidos para la final.

-"Mierr... ¿Ya estamos en la rotonda? ¡De aquí no queda nada a boxes!"- Un despiste puede ser fatal. Dos son una losa casi insalvable. Mis referencias para luchar por las posiciones delanteras en el grupo me fallan. Cuando me doy cuenta estamos a punto de entrar en boxes. Dejo mi bicicleta en las últimas posiciones del pelotón. Zapatillas dentro. A correr. A volar. Mi globerada solo me deja una opción: salir todo lo rápido que me permitan mis piernas.

Me condeno. 110% durante los primeros tres minutos. Sudo sangre. Las piernas se quejan. El corazón se dispara. Mis pulmones apenas pueden abrazar un oxígeno a todas luces insuficiente. Remonto hasta la décima plaza. Son solo unos segundos. Pero otra vez eternos. -"Estás en una Copa del Mundo globero. Un segundo es un mundo. Una concesión significa estar fuera de juego"- me digo. El ansiado top8 que da el pase a la final se aleja. Creo que para mi cabeza ya estaba alejado tras la fallida lucha para la T2. Y cuando la cabeza no acompaña, un ritmo asequible se convierte en una tortura. Cruzo la meta abatido en 11ª plaza. Hungría, su Copa del Mundo de Tiszaujvaros, me dejan nuevas lecciones marcadas a fuego.

No lo puedo negar. Me encanta este juego. Pronto nuevas oportunidades para seguir creciendo.
..."with the number 29: Ruanova"
Los cien metros desde la zona de presentación hasta el pontón de salida ponen mi piel de gallina. Cientos de personas. Cientos de gritos de apoyo resuenan en mis oídos. En mi cabeza solo sitio para una cosa: esa primera boya naranja que marca el recorrido del primer segmento. Los triatletas se reparten entre los huecos del pontón. Sin pensar mucho, me coloco en la zona central.

"On your marks... ¡Piiii! Dos batidos submarinos. Veloz salgo a la superficie. Veloz empiezo a nadar respirando cada cuatro brazadas. "A tope, hasta que aguante", pienso. Cuando la agonía y al ácido láctico amenazan con bloquearme, solo entonces, disminuyo mi ritmo. Solo entonces miro para situarme. Zaferes, uno de los mejores nadadores del circuito ITU apenas me saca medio cuerpo. Bien. Hay que seguir. Un par de golpes; el australiano que me acompañaba queda rezagado. Se acerca esa otrora pequeña boya. Vuelvo a apretar. "Por aquí no pasas", me digo cuando un triatleta se me acerca por mi derecha. Voy ganando mi terreno y enfilo la boya por dentro. Quizás haya más lucha, pero siempre se recorren menos metros. Hoy mi teoría me da la razón. Tras pasar los dos giros por dentro, nado entorno a la octava posición.

"Guau, siento que floto cual lancha motora" Atento, hay una larga y agónica carrera antes de iniciar los últimos 750m. Gritos. Ánimos del público que transformo en adrenalina. Salto de cabeza con todas mis fuerzas. Segunda vuelta de natación en el lago de Banyoles. Sigo a la par de Zaferes. "Qué fácil debe de ir este americano que acredita 1´49" en 200m. libre" Me autoimplemento energías al verme a su lado. Otra vez las boyas. Otra vez por dentro. Enfilo los úlitmos metros en una motivante sexta posición. En mi primera Copa del Mundo. Disfruto como un niño.

Salto sobre mi reluciente MASSI. Se ha puesto bonita para la ocasión. Hasta luce nuevas ruedas EDCO. Abrocho zapatillas. Sprinto de pié, entre los diez primeros. Alejo antiguos fantasmas con una brillante primera transición. Alarza se muestra activo. Los rusos están expectantes. Soy ambicioso. Me pongo a tirar. Por unos segundos se corta el grupo. La gente duda. Por detrás empiezan a unirsenos más y más triatletas. "Un grupo grande ya no es mi lucha" Me sitúo en el medio del pelotón. Volamos. El circuito alrededor del lago es rapidísimo. Sus anchas curvas peraltadas me hacen sentirme un pequeño Lorenzo en mi particular Moto GP.

Por momentos hay tensión. Algún grito. Frenazo. Codos que se rozan. Disfruto como un niño. Defiendo mi posición. Incluso busco huecos para progresar. El último km de cada vuelta nos estira. Curvas de 90º. Badenes que nos lanzan al vuelo a más de 50km/h. Me agarro abajo del manillar antes de cada curva. Rozo el freno. Me levanto para hacer zumbar mis EDCO. Volvemos a coger velocidad al instante.

"¿Ya es la última vuelta?", me sorprendo. Dos geles digeridos. Dos botes de líquido bebidos. Los remato tirándome agua sobre mi casco. Hace mucho calor. Última transición. "Lucha, Antón, si te caes no pasa nada, peor es no haberlo intentado", las palabras de mi hermano resuenan en mi interior. El grupo es grande. La tensión enorme. Un codo para hacerme hueco. Una apurada de frenada entrando en la curva. Calzo mis NEW BALANCE. Salgo a correr entorno a la 15ª plaza. Otra pequeña prueba dentro de la carrera ha sido superada. Los fantasmas de la T2 también son borrados.

Más gritos. Mucho público. Y mucho tráfico sobre el asfalto. A menos de tres minutos el km. y hay que buscar hueco para pasar. Se forma un grupo delante de mi. "Hay que entrar ahí como sea; una velocidad más. Gas Antón" Sufro como un perro. Ellos también, pienso. Me pego a Vicente Hernández. Juntos entramos en ese tren de nueve vagones. Agarro una botella de agua. Esto me aliviará. El refresco del líquido resbalando por mi piel apenas dura segundos. Sigo sufriendo. Ni la bajada rebaja un ápice del dolor. El tren se me escapa.

Cierro los ojos. Mi respiración resuena cual tenista golpeando la bola en Roland Garros. Me aparecen en mente los duros entrenamientos en la Alameda compostelana. "¡Qué te calles de una vez pecho!", silencio al corazón quejoso. Vuelvo a enganchar ese tren. Pasamos el primer tercio de carrera. El dolor sigue pareciéndome inaguantable. "Relájate. Respira. Aprovecha la estela de este grupo de nueve triatletas", me digo. Hasta aquí. 33ºC. Calor y dolor ganan la batalla. Doy una tregua a mi recalentando motor. Aflojo el ritmo. El grupo se va.

Me cantan que estoy en 22ª posición. Es una tregua. Pero no me rindo. Marco mi ritmo. El americano Billigton me alcanza. Me pego como una lapa. Hasta que sus continuos cambios de ritmo terminan conmigo. Pero he encontrado mi velocidad crucero. ¡A por el top20! Comienzo la caza. Última vuelta. Ahora la agonía se sintoniza con mi adrenalina. Sigo sufriendo, sigo recalentado. Pero avanzo posiciones. González, Pereira, Zaferes,... Esto no se para. Apenas soy capaz de entreabrir los ojos. Lo justo para no caerme, o eso espero. En el úlitmo km. no hay espacio para el dolor. Ni para los ánimos que mal-veo y peor-oigo. El úlitmo km. lo hago en trance. Sobrepaso al ruso Poliansky. La recta de meta es un premio. Me reconforto. Llevaba mucho tiempo soñando este momento. Con gesto rockero en ambas manos, cruzo una meta. Mil sensaciones. Se me nubla la vista. Me agarran. Cuando intento caminar, caigo sobre esa valla. Medio inerte. El cuerpo no responde. La mente repasa años, instantes, alegrías, llantos,... Todo fluye a toda velocidad hasta que me relajo. Estoy aquí. 14º en mi deseada primera Copa del Mundo. Disfruto como un niño.
Seguimos en Monterrey. La ciudad y su Parque Fundidora se engalana para la World Cup. Mañana sufriré desde la barrera, pero disfrutaré con mis compañeros. El Arcade Inforhouse estará sabiamente representado por Iván. Junto a el, Ramón Ejeda, Óscar Vicente y Mario Mola. Un poco antes turno para las féminas, nos representarán con un gran papel: Zuriñe Rodríguez, Marina Daimlancourt, Marta Jiménez y Estefanía Domínguez. Compañeros y buen ambiente que están haciendo más llevadero mi infortunio.

Al otro lado del charco, cerca de casa, los colobres zebra del Arcade Inforhouse tienen la segunda batalla de la Superliga. Roberto Barral, Brais Canosa y Alberto Trillo morderán con pasión en Coruña,en el Campeonato de España deTriatlon por relevos. ¡Vamos amigos! Luuume!
Los buenos siempre ganan. La frase de Pepe, Triathlontotal, resuena una y otra vez en mi cabeza. Es una filosofía de vida, como esa que dice que el tiempo pone a cada uno en su sitio; o como aquella que autoproclamo de que con trabajo e ilusión los sueños se hacen tangibles.

Días de vaivenes emocionales. El buen trabajo en Turquía y Portugal me hacían sonreir en este inicio de temporada. Ser el mejor español allí me parecía acercarme al siguiente objetivo, poder debutar en una Copa del Mundo. Estaba hecha mi parte, siempre mejorable, pero que me dejaba buen sabor de boca. Con lo que no depende de uno mejor no ilusionarme demasiado. Difícil. Me veía en México, y el golpe al enterarme de que no estaría no fue pequeño.

Una discutible norma dentro de los criterios de la federación española alejaba mi sueño. Los triatletas mayores de 23 años somos penalizados con un 20% de los puntos, con lo que soy sobrepasado por Óscar Vicente, quién consigue la plaza. Se me explica que esta discriminación aparece en los criterios para favorecer el que no haya triatletas mayores que hayan disputado varias Copas del Mundo bloqueando la entrada de jóvenes promesas. Entonces aún entiendo menos que se me penalice cuando yo no he disputado nunca tal competición a pesar de ser el actual subcampeón español. En mi cabeza aparece una nueva entrada para este diario: "Tocado, pero no hundido", que nunca llega a escribirse. La rabia y desilusión me duran hasta que me acuesto. Ahí entra en juego otro sabio dicho: mañana será otro día. Reubicamos objetivos y, con la energía que me da el abrumador ánimo de tanta gente, nos conjuramos para seguir. Esto no se para.

Cuando nos parecíamos olvidar de Monterrey, suena el teléfono. Ha habido una baja en el equipo español. Siento que sea por mal de otros (ánimo Josemi), pero una redoblada satisfacción me gobierna ante la sorpresa: México y su Copa del Mundo se hacen realidad ante mi.

Estos días me llevado una gran sorpresa con tanto ánimo recibido. Muchas gracias a todos. Son 11 años en este deporte. Tiempo que da para muchos momentos complicados, pero al final de los años, solo permanecen los recuerdos positivos. Este será uno de ellos. Exprimiré a muerte este premio en forma de oportunidad.
Esto no se para.

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